(J.K. Rowling)
La gravedad de esta infracción del decreto para la restricción razonable de magia en menores ha dado como resultado su expulsión de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. Los representantes del Ministerio llamarán en su domicilio pronto para destruir su varita. Como usted ya ha recibido una advertencia oficia por una ofensa anterior bajo sección 13 de la confederación internacional del estatuto de Warlocks del secreto, lamentamos informarle que su presencia será requerida en una audiencia disciplinaria en el Ministerio de magia el 20 de Agosto, a las 9 a .m.
Espero que este bien. Sinceramente
Mafalda Hopkirk
Oficina de Uso Incorrecto de la Magia
Ministerio de Magia
Harry leyó la carta por segunda vez. Estaba poco consciente de lo que estaban hablando tío Vernon y tía Petunia. En su cabeza todo era helado y entumecido. Un hecho había penetrado su conciencia como un dardo paralizante. Lo habían expulsado de Hogwarts. Todo había terminado. Nunca iba a volver. Miró a los Dursley. Tío Vernon tenía la cara morada, gritando, todavía sus puños estaban levantados; tía Petunia tenía los brazos alrededor de Dudley, que estaba sintiendo náuseas de nuevo. Harry se quedó momentáneamente paralizado, pero su cerebro parecía reanimarse. Los representantes del Ministerio llamarán a su domicilio pronto para destruir su varita. Había solo una cosa que podía hacer. Tendría que correr, ahora. ¿Adónde iría? Harry no lo sabía, pero estaba seguro de una cosa: en Hogwarts o fuera del colegio necesitaba su varita. Como si estuviese soñando sacó su varita y dio vuelta para salir de la cocina.
- ¿Dónde crees que vas? –gritó tío Vernon. Pero cuando Harry no respondió, corrió a través de la cocina para bloquear la puerta del pasillo-. ¡No terminé contigo, muchacho!
- Quítate del camino –dijo Harry tranquilamente.
- Te vas a quedar aquí y vas a explicar qué le pasó a mi hijo.
- Si no sales de mi camino me voy a deshacer de ti... –dijo Harry levantando su varita.
- ¡Tú no me puedes hacer nada! –gruñó tío Vernon- ¡Sé que no tienes permitido usarla, llamaré a ese manicomio que llamas escuela!
- El manicomio me ha expulsado –dijo Harry-. Así que, puedo hacer lo que yo quiera, tienes 3 segundos... 1, 2...
Un CRACK resonó en la cocina. La tía Petunia gritó. El tío Vernon estaba oculto y agachado pero Harry buscaba por tercera vez en esa noche la fuente de un disturbio que él no había producido. Lo vio enseguida, un búho deslumbrado y rizado que miraba del granero se sentaba afuera en el travesaño de la cocina, apenas chocando con la ventana cerrada. Ignorando el grito de “LECHUZAS” del tío Vernon, Harry cruzó el cuarto rápidamente y abrió la ventana. La lechuza desplegó una pata a la cual llevaba atada un pequeño rollo de pergamino, sacudió sus alas y se detuvo un momento mientras Harry tomaba la carta y desplegaba el segundo mensaje, que estaba escrito de una forma muy precipitada con tinta negra.
Harry:
Dumbledore recién llegó al Ministerio y está intentando arreglar todo. NO ABANDONES LA CASA DE TU TÍA Y TÍO. NO HAGAS MÁS MAGIA. NO ENTREGUES TU VARITA.
Arthur Weasley.
Dumbledore estaba intentando arreglar todo... ¿Qué quiso decir? ¿Cuánto poder necesitaba Dumbledore para anular lo del Ministerio de Magia? ¿Entonces, había una posibilidad para volver a Hogwarts? Una pequeña esperanza floreció en el pecho de Harry, y casi inmediatamente fue estrangulado por el pánico. ¿Cómo se suponía que debía impedir que le quitasen su varita mágica, sin hacer magia? Él tendría un duelo con los representantes del Ministerio, y si hacía eso tendría suerte de evitar ir a Azkaban, dejando sólo lo de la expulsión. Su mente volaba... Podría escapar para evitar todo y correr el riesgo de ser capturado por el Ministerio, o permanecer ahí y esperarlos para que lo encontrasen. Era mucho más osado desde el curso anterior, pero sabía que el Sr. Weasley tenía las mejores intenciones... Y después de todo, Dumbledore había arreglado antes cosas mucho, mucho peores que esto.
- Bien –dijo Harry-, he cambiado de idea, me quedo.
Se arrojó debajo de la mesa de la cocina y encaró a Suddley y la tía Petunia. Los Dursley se sorprendieron del abrupto cambio de mentalidad. La tía Petunia echó un vistazo con desesperación al tío Vernon. La vena morada estaba palpitando peor que nunca.
- ¿De quién son todas estas lechuzas rubicundas? –gruñó.
- La primera era del Ministerio de Magia, expulsándome –dijo con calma Harry. Agudizaba sus oídos para captar cualquier ruido del exterior, en caso de que los representantes del Ministerio se acercaran, y por esto era más fácil contestar silenciosamente las preguntas de tío Vernon que hacerlo comenzar a rabiar-. La segunda era del papá de mi amigo Ron, que trabaja en el Ministerio.
- ¿Ministerio de Magia? –bramó el tío Vernon- ¡Gente como tú en el gobierno! Ah, esto explica todo, todo, nada asombroso, el país se va a ir a los caños.
Cuando Harry no respondió, el tío Vernon lo miró airadamente, y luego escupió:
- ¿Y por qué has sido expulsado?
- Porque hice magia.
- ¡AHA! –rugió el tío Vernon, pegando su puño de golpe sobre la parte superior del refrigerador, que resultó abierto. Varios de los bocados de pocas calorías de Dudley fueron derribados y estrellaron en el suelo-. ¡Entonces lo admites! ¿Qué le hiciste a Dudley?
- Nada –dijo Harry, cada vez con menos calma-. Ese no era yo...
- Era –murmuró Dudley de improviso, y el tío Vernon y la tía Petunia instantáneamente hicieron gestos a Harry mientras ambos se inclinaron sobre Dudley.
- Continúa, hijo –dijo el tío Vernon-, ¿qué hizo?
- Dinos, querido –susurraba la tía Petunia.
- Me apuntó con su varita mágica –masculló Dudley.
- Sí, lo hice, pero no la usé –comenzó Harry con ira-, pero...
- ¡CÁLLATE! –rugieron el tío Vernon y la tía Petunia al unísono.
- Continúa, hijo –repitió el tío Vernon, mientras soplaba el bigote con furia.
- Todo estaba oscuro –dijo Dudley con voz ronca, estremeciendo-. Todo oscuro. Y luego e-escuché... cosas... adentro d-de mi cabeza.
El tío Vernon y la tía Petunia cambiaron miradas de completo horror. Si la cosa que menos les gustaba en el mundo era la magia –estrechamente seguida por los vecinos que no acataban la prohibición de la manguera- la gente que oía voces estaban definitivamente entre las últimas diez. Ellos obviamente pensaron que Dudley estaba perdiendo la cordura.
- ¿Qué tipo de cosas, Popkin? –suspiró la tía Petunia muy blanca y con lágrimas en los ojos.
Pero Dudley parecía incapaz de decirlo. Él tembló otra vez y sacudió su grande y rubia cabeza, y a pesar de sentir un miedo aturdidor que tenía asentado Harry desde la llegada de la primera lechuza, él sintió cierta curiosidad. Los Dementores causaban que una persona reviviera los peores momentos de su vida. ¿Que habría sido lo que forzaron a Dudley escuchar?
- ¿Cómo te caíste al suelo, hijo? –dijo tío Vernon, con una voz tranquila, el tipo de voz que podría adoptar al lado del lecho de una persona muy enferma.
- D-Disparado –dijo Dudley inestable-, y entonces –él gesticuló en su enorme pecho. Harry lo entendía. Dudley recordaba el frío húmedo que llenó sus pulmones mientras que la esperanza y la felicidad fueron aspiradas fuera de él-, horrible –titubeó Dudley-, frío. Realmente frío.
- De acuerdo –dijo tío Vernon, con una voz forzada, mientras que tía Petunia puso una mano ansiosa en la frente de Dudley para sentir su temperatura- ¿Qué sucedió entonces, Dudders?
- Sentí... sentí... sentí... como si... como si...
- Como si nunca más fueras a volver a ser feliz –sugirió Harry sordamente.
- Sí –Dudley susurró, todavía temblando.
- Entonces –dijo tío Vernon, con la voz restaurada al volumen completo y considerable mientras que se enderezaba-, tú pusiste algún tipo de encantamiento chiflado en mi hijo para que él oyera voces y creyera que fue... ¿fue condenado a la miseria, o algo así? ¿No es cierto?
- ¿Cuántas veces tengo que decirles? –dijo Harry de mal genio y ambos se levantaron-. ¡No era yo! ¡Eran un par de Dementores!
- ¿Un par de... qué cosa?
- De–men–to–res –dijo Harry lenta y claramente- dos de ellos.
- ¿Y qué demonios son los Dementores?
- Custodian la prisión de magos, Azkaban –dijo tía Petunia.
Dos segundos de silencio siguieron estas palabras antes de que tía Petunia cubriera su boca como si ella hubiera tenido un resbalón y hubiera dicho una palabrota. Tío Vernon la miró sin comprender. El cerebro de Harry daba giros. La señora Figg era una cosa, pero ¿Tía Petunia?
- ¿Cómo sabe eso? –preguntó asombrado.
Tía Petunia parecía absolutamente horrorizada consigo. Echó un vistazo a tío Vernon un poco temerosa, después bajó su mano levemente para revelar sus dientes de caballo.
- Oí... a ese odioso muchacho... decirle a ella sobre ellos años atrás –dijo ella nerviosamente.
- Si te refieres a mi mamá y papá... ¿por qué no utiliza sus nombres? –dijo Harry en voz alta, pero tía Petunia no le hizo caso. Parecía horriblemente frustrada.
Harry se quedó atontado. A excepción de un arrebato hace años, en el cual tía Petunia había gritado que la madre de Harry había sido un fenómeno, él nunca la había oído mencionar a su hermana. Se quedó asombrado de que ella recordara ese trocito de información sobre el mundo mágico desde hacía tanto tiempo, cuando normalmente pone todas sus energías en fingir que no existe. Tío Vernon abrió su boca, la cerró, la abrió una vez más, volvió a cerrarla, y aparentemente tratando de recordar como hablar, la abrió por tercera vez, y dijo:
- Entonces... entonces... ellos... eh... ellos... ¿realmente existen los Demente-como sea?
Tía Petunia asintió. Tío Vernon miraba de tía Petunia a Dudley, de Dudley a Harry como si esperara que alguien fuera a gritar “¡Día de los inocentes!” Cuando nadie lo hizo, él abrió su boca otra vez, pero interrumpió la lucha para encontrar más palabras por la llegada de la tercera lechuza de la tarde. Que pasó por la todavía abierta ventana como un cañón, una bola plumosa aterrizó con un estruendo confuso en la mesa de la cocina, haciendo a los tres Dursley saltar con el estruendo. Harry rasgó un segundo sobre oficial que tenía en el pico la lechuza y lo rasgó mientras que la lechuza salía y se retiraba en la noche.
- Suficiente de ruidosos búhos –murmuró tío Vernon distraído, deteniéndose frente a la ventana y cerrándola de golpe.
Estimado Sr. Potter:
Agregando esta carta a la de hace aproximadamente veintidós minutos, el Ministerio de Magia ha revisado su decisión para destruir su varita inmediatamente. Usted puede conservar su varita hasta su audiencia disciplinaria el 20 de Agosto, en cuyo caso será tomada una decisión oficial. Después de la discusión con el director de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, el Ministerio ha convenido que la cuestión de su expulsión también será decidida en aquella fecha. Usted debe por lo tanto considerado suspendido de investigaciones posteriores pendientes de la escuela.
Con gran afecto
Sinceramente
Mafalda Hopkirk
Oficina de Uso Incorrecto de la Magia
Ministerio de Magia